Alcalá del Júcar es un lugar muy apreciado por los fotógrafos para realizar sesiones de pareja. Un marco incomparable que promete unas preciosas fotografías. Es cierto que hay lugares que suman al reportaje, que se prestan a ser fotografiados. Como si por el mero hecho de poner a los novios en tal o cual lugar, la foto fuese mejor. Y luego llego yo, que me encanta salirme de lo típico. Una cabecita loca que ve la belleza en los lugares más inesperados.

Vale, reconozco que me gusta complicarme la existencia con las sesiones. Me encanta probar cosas nuevas, experimentar. A veces las parejas se quedan un poco extrañadas conmigo por mi manía de mirar donde nadie mira, de meterme donde nadie se mete y por tocar todo lo que se puede tocar (y a veces algunas cosas que no se deben tocar). Pero cuando te toca trabajar para parejas como Oti y Victor mi locura se centra. Me encanta reírme de mi mismo, y me encanta hacer reír a los demás. Cuando encuentras parejas tan risueñas, sabes que el día de la boda va a ser muy especial.

Y como casi siempre, la sesión se alarga y la noche nos sorprende. Bueno, en esta ocasión no nos sorprendió. Yo la andaba buscando. Me siento cómodo realizando fotografías de noche, el flash me permite realizar juegos de luz interesantes, las luces ambientales cambian y dan un ambiente mágico. Y en ésta ocasión andaba buscando las estrellas. He realizado muchas, muchas fotografías nocturas. La noche y las estrellas me fascinan, pero he hecho pocas con parejas.

Las fotografías de noche con el cielo plagado de estrellas me parecen impresionantes. Para éste 2017 me he propuesto practicar un poco en éste campo, llevarme al campo a las parejas que se presten a ello y hacerles fotografías de noche, para seguir perfeccionando la técnica. Tal vez para el año que viene me proponga como reto conseguir alguna fotografía con la Vía Láctea de fondo, un reto mucho más difícil, pero mucho más emocionante.

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