La Boda de Oti y Victor ha sido mi primera boda en la que el novio es un guardia civil, y tengo que reconocer que me ha encantado el protocolo. Creo que es algo realmente especial que demuestra la unión entre compañeros, respeto y a la vez un gran cariño. Por si nunca habéis estado en ninguna, permitidme que os haga un pequeño resumen.

Según el protocolo, en realidad una boda militar solo lo es si el novio es militar y decide que lo sea. Entonces el novio vestirá el traje de gala y los militares que acudan a la boda podrán elegir ir uniformados. Por lo que me comentó Víctor, el tema es bastante estricto, deben solicitar permiso, y tras acabar la ceremonia, por respeto se cambian para vestirse de paisano.

El motivo es muy claro, un militar vestido de militar representa a su cuerpo, y cualquier cosa que haga puede repercutir negativamente en la imagen del mismo (algo muy lógico), y como todos sabemos, en una boda, con cuatro copas de más, no es raro hacer alguna tontería…

Perdón, que me voy por las ramas. A mi lo primero que me llamó la atención es la escota que acompaña a la novia. Poniéndome en la piel de la novia tiene que ser algo realmente impresionante que debe hacerte sentir muy especial.

La ceremonia en si misma no cambia, el siguiente cambio lo encontramos al acabar la misma. Los compañeros hacen un pasillo y uno de ellos pide permiso para hacer el paseo de espadas. No recuerdo las palabras exactas, no se bien si era “permiso para formar” o “permiso para desenfundar”. Luego vuelve a su puesto y los novios pasan bajo las espadas hasta el final del pasillo, donde les cortan el paso. Esa parte es la más simpática de la ceremonia. El mismo compañero que les ha pedido permiso les pregunta por el santo y seña. Entonces los novios se besan y les dejan pasar. ¡¡¡Y ahí es cuando les tiran el arroz!!!

Esto último os lo comento para que no hagáis el ridículo tirando el arroz antes de tiempo si os invitan a una boda militar, jejeje…

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